POR MANUEL JABOIS

‘Emigrantas’ busca contar a través de la danza la nueva emigración producto de la crisis

Hay un momento nuclear en Emigrantas, el espectáculo de danza que Kirenia Martínez Acosta (Santa Clara, Cuba, 1980) estrena mañana en Madrid (Sala Equis, 18 horas). Ocurre cuando Esther Latorre somete a un interrogatorio a David Loira. Lo desconstruye en números, lo invita a una tiranía terrible que pasa porque Loira, desnudo, le diga quién es de la forma más abrasiva posible: no mediante su identidad sexual o cultural, sino burocrática; David Loira es el número de su DNI, el número de su pasaporte, el número de la Seguridad Social, su número de teléfono, su número de cuenta. El espanto termina al ser ataviado, por su interrogadora, con una banda en la que caben todas las banderas del mundo al mismo tiempo que él se declara ser una mujer portuguesa, francesa, alemana, italiana, brasileña, española, gallega.

‘Emigrantas’ grita: ni condescendencia ni piedad. Llega a la cultura queer a través de la mujer David Loira, como recuerda Novoneyra. Y plantea un lugar, un tiempo, un género líquido.

“La emigración se representa de muchas maneras. En Galicia, la imagen icónica es la de principios del siglo XX, la transoceánica, revestida de pobreza y drama. Este espectáculo es el de la última diáspora, el de otra emigración. Una que se produjo hace poco hacia muchos lugares, Madrid o Londres, y que ya no tiene la visión monolítica de los hombres, copada en el XX, sino que aporta el de las mujeres”, dice la poeta Branca Novoneyra, autora de los textos. La fotografía de aquella emigración la hizo hace años Manuel Ferrol con aquel padre sosteniendo la cabeza de su hijo en la Estación Marítima de A Coruña, y a ella aún permanecen amarrados unos pocos señoritos que lo primero que hicieron cuando supieron de la marea negra del Prestige fue empaquetar arroz y mandarlo por Seur para Muxía. ‘Emigrantas’ grita: ni condescendencia ni piedad. Llega a la cultura queer a través de la mujer David Loira, como recuerda Novoneyra. Y plantea un lugar, un tiempo, un género líquido.

Kirenia Martínez, que dirige y produce ‘Emigrantas’ junto al Centro Coreográfico Galego, trasplanta los cuerpos y la danza al lenguaje de los números. “Nos invaden con números, con cifras de inmigrantes, con porcentajes, con aspectos que nos distancian de las historias humanas de cada uno. Queríamos llevar eso a los cuerpos, al movimiento, a la danza. A otro lenguaje. Cómo contar esos números de otra forma”, dice Martínez desde Londres, donde se representó la obra en la Fundación Cañada Blanch (el estreno fue en Santiago de Compostela el pasado sábado). “Pero no siento que haya hecho una pieza mía. Todo el mundo aporta, todo el mundo está presente. Los músicos, el vestuario -obra de Jandro Villa-, los bailarines, las luces. Todo está abierto y tiene mucha libertad. No quería un discurso llorón ni drama en la pieza. Cuando empiezo a trabajar con los bailarines les doy mucha libertad. Se trata de alimentarlos de información para que ellos puedan traducirla con su cuerpo y contar su historia y la de todos. Buscar dualidades, lo que parece que es y no es”.

Recuerda Afonso Becerra en la revista Artezblai que Loira ha conocido la emigración “tanto en Lisboa como en Berlín” a causa de las políticas “ingratas” de Galicia con la danza. Emigración que también conoce la directora de la obra, Kirenia Martínez, que llegó a Galicia desde Cuba cuando tenía 23 años. “La vida se cruza con el arte”, recuerda Becerra. ¿Es así? “Obviamente me ayudó mi caso personal a la hora de empezar a idear la obra: emigración, mujeres. Eso soy yo”, dice Kirenia Martínez. “Y Esther, David, el propio Jandro… Saben lo que es la emigración”. Pero Martínez quiere, principalmente, que el lenguaje de la danza fuese libre y nuevo, no un espacio autobiográfico sino la interpretación de estadísticas oscuras que saltan al escenario.

‘Emigrantas’ empieza, para que no haya duda, con la voz de Branca Novoneyra poniendo al espectador en un lugar concreto y rotundo. Es una pieza objetiva con un mensaje muy claro, directo. “Una conversación. Una historia desde ellos pero no de ellos, ni mía. Sale de nosotros, no es nuestra”, dice Kirenia Martínez.